jueves, 25 de diciembre de 2014

Símbolos de la Natividad: el árbol de Navidad (I)



"A los que vivían en tierra de sombras una luz brillante los cubrió. 
Acrecentaste el regocijo, multiplicaste la alegría: 
alegría por tu presencia, como la alegría en la siega."

(Is. 9:2)


Al enfrentarnos al significado del conocido árbol navideño, presente en tantos hogares cuando se celebra el nacimiento de Jesús cada 25 de diciembre, nos encontramos ante otro caso de ataque premeditado contra un símbolo tradicional con la intención de desacreditarlo y borrar por completo el sentido profundo que tal símbolo contiene. Un caso bastante similar en su fondo e intención al que viene sucediendo en las últimas décadas con los tradicionales animales del Pesebre, el buey y la mula, y que ya hemos tratado (ver aquí)

Si la presencia del buey y la mula en el Portal de Belén ha sido en los últimos tiempos cuestionada por no encontrarse referencia explícita a dichos animales en el Evangelio -olvidando de paso que también lo que la iglesia practica forma parte de la Tradición-, el árbol navideño es acusado cada año con mayor beligerancia de ser un símbolo pagano y extranjero y, en definitiva, de ser una tradición dudosamente compatible con la fe cristiana. 

Resulta llamativo que todas estas campañas acostumbren a aparentar un exceso de celo y de rigor por la pureza de la tradición, a la cual supuestamente quieren librar de elementos espurios, a pesar de lo cual no es difícil advertir que lo que realmente persiguen tales campañas es destruir la tradición en su esencia más profunda, pues nunca ninguna de ellas atiende jamás al verdadero significado esotérico -es decir espiritual y metafísico- de los símbolos contra los que carga, sino que atienden exclusivamente a los factores más superficiales y anecdóticos del asunto, demostrando con ello lo lejos que están de comprender los símbolos en su justa medida, así como de cualquier enseñanza tradicional del tipo que sea. 

Símbolos de la Natividad: el árbol de Navidad (y II)


Simbolismo cósmico del árbol de Navidad.

Ya hemos apuntado que el simbolismo polar del árbol navideño no parte únicamente de las regiones que habita por naturaleza sino también de su misma forma. Si a continuación analizamos sus características formales descubriremos que el árbol navideño contiene en sí un diagrama cósmico completo, pues su figura representa un esquema sintético del universo


Sin duda el simbolismo cósmico que desgranamos a continuación es aplicable en general a cualquier árbol, en virtud del evidente simbolismo axial del tronco, pero sin duda los árboles a los que este simbolismo le es más propio y natural es a las coníferas del tipo del abeto por la rectitud y verticalidad de su tronco y por la forma piramidal de su copa que recuerda a la montaña primordial, el Ben-ben de la tradición egipcia o el monte Meru del hinduísmo, lo cual nos aproxima una vez más a la idea de Tradición Primordial. Maticemos que la montaña primordial posee un doble significado, por una parte tiene un sentido de fundamento y estabilidad, por otra su cima dirigida al cielo remite al Axis Mundi

viernes, 5 de diciembre de 2014

Reflexiones sobre dos paradigmas musicales (y IV)




Volviendo a nuestro argumento musical, comparemos el discurso musical moderno que hemos analizado hasta aquí, y cuya esencia es presentar la vida como conflicto entre el yo y los otros con el modelo ideal de la armonía, la cooperación y el equilibrio entre las partes propio del viejo paradigma polifónico. 

El paradigma polifónico característico del medievo no se basaba en la lucha entre las partes musicales sino en la cooperación entre las mismas. Podría pensarse que la relación entre las diferentes voces polifónicas se basa en ocasiones en una independencia mutua, como si cada voz fuera ‘a su bola’, lo cual no es un ejemplo de colaboración, pero si fuera así no habría realmente música: la dimensión armónica -vertical- asegura que exista en cada momento relación de parentesco entre las distintas voces, y esto asegura que la obra permanezca ensamblada como si de una arquitectura se tratara y no se ‘desintegre’. 

jueves, 4 de diciembre de 2014

Reflexiones sobre dos paradigmas musicales (III)


El paradigma musical moderno. 

Dicho todo esto a modo de largo pero necesario preámbulo, entremos ya de lleno en nuestro tema abordando el valor psicológico de la forma musical moderna. Recordemos ante todo que la música es un lenguaje que busca comunicar algo y que tal lenguaje o discurso hace uso de una retórica particular y específica para poder transmitirse más eficazmente. Forma y contenido, medio y mensaje son inseparables aquí, como en cualquier arte por lo demás. La elección del medio en el arte tiene un significado de por sí e implica parte del sentido propio de la obra [1].

En cuanto al nuevo canon musical moderno establecido en el siglo XVIII, es en el concierto, definido a menudo como un ‘diálogo’ entre el solista y la orquesta, donde el nuevo paradigma musical de la modernidad encontró su forma más acabada. Pero más que un ‘diálogo’ galante, en realidad se trataba casi siempre de un enfrentamiento, de una lucha. En efecto el concierto expresa como ninguna otra forma del arte occidental esa idea de la vida como lucha y de las relaciones humanas entendidas como conflicto. La música moderna, al establecer como arquetipo artístico la oposición solista vs. orquesta se convirtió en herramienta óptima para la toma de conciencia por parte del espectador del muy moderno conflicto entre individuo y sociedad, conflicto que articula toda la modernidad occidental y que ya fuera denominado por Jung ‘proceso de individuación’.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Reflexiones sobre dos paradigmas musicales (II)


Es aquí donde queremos llegar, pues si bien se ha hecho énfasis en la importancia que tuvo la nueva música en la imagen auto-construida de la nueva sociedad burguesa se ha dado en general muy poca importancia a las implicaciones psicológicas -e incluso filosóficas y retóricas, en tanto que discurso- que dicha música trajo consigo para la sociedad europea. 

Digamos tan solo unas breves palabras sobre las connotaciones sociológicas que supuso el nuevo gusto musical. El nuevo paradigma musical se identificaba desde su mismo origen –allá por los siglos XIV y XV- con las nuevas clases ricas comerciantes, las primeras élites capitalistas que aprovecharon convenientemente la gran crisis del siglo XIV, y por ello el nuevo paradigma musical y artístico fue sin dificultad asociado durante el siglo XVIII a la imagen de la burguesía triunfante. 

Asociación ésta, entre el nuevo gusto musical y el también nuevo poder económico y político burgués, que la música llamada 'clásica' aún conserva hoy en día, pues sigue siendo asociada a la burguesía en el imaginario colectivo y teniendo escasa o nula valoración entre las clases bajas y obreras. Éste es uno de los aspectos que explican la creación de una nueva 'música de masas', específica para las anti-élites proletarias: la música popular o ‘pop’; ya que según los criterios democráticos y modernistas también estas ‘clases inferiores’ deben participar de alguna forma –por esperpéntica que sea- en la sociedad del espectáculo creada por el nuevo orden burgués y cuya primera gran ‘puesta en escena’ no fue otra que la revolución misma.

martes, 2 de diciembre de 2014

Reflexiones sobre dos paradigmas musicales (I)



(*) Se acepta generalmente 1750 como la fecha simbólica del paso de la música antigua (Early music) a la música clásica. En efecto dicha fecha es la de la muerte de J.S. Bach, el gran maestro de Leipzig, Kapellmeister de la iglesia de Santo Tomás, habitualmente considerado el último representante de la gran tradición musical polifónica anterior al clasicismo y la ilustración. 

Si bien el paso de una tradición a otra no fue en absoluto abrupto –se puede establecer el periodo de transición en unos doscientos años-, el profundo cambio que supuso la nueva tradición musical respecto de la anterior puede ser comparado a lo que la revolución copernicana representó para la ciencia: un cambio de paradigma

Efectivamente la nueva música ilustrada distaba de la vieja música polifónica tanto como el heliocentrismo distaba del geocentrismo. Y análogamente a como Copérnico no creía haber puesto punto y final a la cosmología aristotélica y ptolemaica con su simple propuesta heliocéntrica, los primeros autores de la 'nueva música' de corte humanista e ilustrado, eran difícilmente conscientes de estar condenando a la extinción a las viejas formas musicales del paradigma anterior. Con el nuevo paradigma musical no solo cambiaron las formas musicales y los instrumentos, cambió también el público y el modo de escuchar y apreciar la música.

lunes, 1 de diciembre de 2014

La medicina de Hildegarda de Bingen (IV): música y piedras preciosas


¿El chamanismo?, una canción muy especial, un ritmo que nos devuelve la memoria de nuestra forma y salud, un estado propio –no ajeno- que, irrumpiendo, nos desvela nuestra forma, nuestros desequilibrios y el viático hacia la salud. 
A todo esto se añadirán unos importantes conocimientos de herboristería y, también, un conocimiento preciso en el manejo del tempo ritual, de los cánticos, símbolos, representaciones y demás cifras de vida que vengan a convocarse.

José Carlos Aguirre, 'Chamanismo: Rastros y ecos distantes'. [1]


Más allá de la visión holística de la salud humana -que es correlato inevitable de una visión compleja y comprehensiva del del ser humano- así como de la medicina entendida como un 'arte del equilibrio', dirigida a restituir la armonía perdida entre cuerpo y alma tanto como entre el ser y la existencia, la parte y el todo, restan dos aspectos de la práctica médica de Hildegarda relativamente conocidos por el gran público que sorprenden muy especialmente a la mentalidad moderna: 
  • el empleo de piedras preciosas y 
  • el uso terapéutico de la música. 
Y sorprenden aún más cuando constatamos que para Hildegarda eran dos prácticas consideradas centrales en el desempeño de  su labor médica. 

viernes, 28 de noviembre de 2014

Reflexiones sobre el valor y la funcionalidad del arte en una sociedad normal (y II)



Hasta aquí hemos explicado brevemente las tres funciones principales que poseía el arte en una sociedad tradicional y que pueden resumirse como sigue:
  • función (con)formadora - educar y dar forma al alma a un nivel profundo para constituir un ser humano integral. 
  • función comunicadora - como puente o camino por el que el sujeto establece contacto con las realidades superiores, pone en comunicación ambos mundos. 
  • función transformadora o reparadora - a fin de re-equilibrar, restituir el orden  (cosmos) perdido. 

Por último, pueden ser adecuadas unas palabras acerca del origen del arte desde la perspectiva tradicional. Debemos hacer notar que este origen no es diferente al del lenguaje mismo, en tanto que la potencia simbólica de ambos remite por entero al espíritu, que es su fuente común. Ambos son inevitablemente huella del espíritu en el mundo. A propósito de esto, se dice a menudo que la característica más reseñable de ambos –lenguaje y arte- es la función simbólica y representativa, pues bien, sin negar esto, entendamos que representar es volver a presentar algo, para lo cual es necesario que ese algo esté ausente, de ahí que toda representación implique siempre recuperar una presencia perdida, es decir, poner fin a una ausencia.


Reflexiones sobre el valor y la funcionalidad del arte en una sociedad normal (I)


‘Todo arte que no proporcione saber ha de ser descartado.’


Ibn ‘Arabi


"El arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara."


J.L Borges, 'Arte poética'.





 [1] Lo que generalmente se consideran las grandes corrientes o etapas del arte universal son, cada una de ellas, expresión propia de una civilización única y particular. No cambia el arte sin que cambie la sociedad misma que lo crea y lo nutre. De este modo cada gran corriente artística que ha existido en la historia corresponde a un modo único de ser-en-el-mundo. El arte constituye así una herramienta privilegiada para estudiar y conocer un pueblo, al modo de una radiografía del alma de esa sociedad, al mostrarnos su modo particular de sentir y ver el mundo: es como un 'retrato' de su mundo interior donde se nos muestran a la luz sus deseos, sus pasiones y sus miedos más profundos. El arte es, como dijera Spengler, ‘alma hecha forma’.

 Pero el arte no sólo cumple una función expresiva sino también una importante función reflexiva. Ninguna sociedad crea su arte para otra, para exhibirse ante otros hombres o pensando en tiempos venideros, sino por y para sí misma. El arte se convierte así en una auto-representación por la cual la sociedad cobra conciencia de sí misma. Por tanto el arte es, antes que nada, una herramienta de auto-conocimiento: el espejo en que toda sociedad se mira. 

 Por lo tanto el arte tradicional no solo muestra la realidad interior de una sociedad particular sino que al mismo tiempo contribuye en buena medida a crearla y a tomar conciencia de ella: la reflexividad que supone el arte tiene una importancia fundamental en el desarrollo de la identidad de toda colectividad humana, descubriendo a esa colectividad quién es, qué la define y cuál es su lugar en el mundo. 

viernes, 14 de noviembre de 2014

Algunas notas sobre el amor cortés: conclusiones (y II)



Hechas las anteriores aclaraciones acerca del papel a que ha sido postergado el amor en la sociedad actual, hay que destacar que en aquellas sociedades donde la comunidad posee mucha fuerza -convivencial y cohesionadora- el amor de pareja o conyugal ha tenido un desarrollo social mucho menor históricamente que en occidente. 

Esto puede ser debido a diferentes factores, pero en general parece confirmar nuestra hipótesis, ya planteada en otro lugar, de que el desarrollo del amor conyugal o de pareja -no solo como hecho vivido individualmente sino en tanto que fenómeno articulador de la sociedad- responde a un grado de deterioro social bastante avanzado en que los lazos comunitarios pierden fuerza y el individualismo aumenta, por lo que el amor puede funcionar como marco cohesionador y protector, de identidad y de referencia, cuando las otras referencias de la sociedad amenazan desaparecer. Los sujetos que sufren la descomposición de su sociedad, al verse cada vez más carentes del entorno integrador proporcionado por su comunidad, buscan la seguridad de manera radical en un vínculo afectivo único y poderoso, vivido como providencial, apoyados en el cual son capaces de 'enfrentarse' al mundo. 

En efecto, en el ideal del 'amor cortés' encontramos cómo el amor por la dama se convierte en la excusa perfecta para que el caballero se enfrente a gestas impensables y se supere a sí mismo, como si el amor le dotara de un valor y una audacia excepcionales. Así es presentado en toda la literatura caballeresca medieval. 

Semejante centralidad del hecho amoroso en la sociedad medieval así como el fenómeno de su expansión más allá del ámbito privado hasta ocupar y alterar toda la vida social y su significado no tiene equivalente en ninguna otra parte y supone de hecho una cierta alteración de la 'normalidad social'. No encontramos en la antigüedad clásica nada semejante a lo que el amor significó en la sociedad medieval, nada que lo acerque a su cualidad cuasi sagrada de devoción del caballero a su dama, ni tampoco nada de su carácter social un tanto revolucionario y subversivo. 


lunes, 10 de noviembre de 2014

La medicina de Hildegarda de Bingen (III)




El remedio a la enfermedad: la medicina. 

Según lo dicho hasta ahora la medicina no será para Hildegarda un conocimiento 'humano' en el sentido en que lo es ahora, es decir un saber elaborado por el hombre en base a su razón, sino más bien un conjunto de saberes que están inscritos en la naturaleza y que el ser humano debe saber encontrar o descubrir. La naturaleza para el hombre medieval siempre fue un libro divino que había que saber leer e interpretar (san Buenaventura). 

Este es otro detalle que acerca la visión médica de Hildegarda a las tradiciones de los chamanes y los hombres-medicina de muchos pueblos pues el mejor médico tampoco será el más sabio en sabiduría humana sino el que reconozca mejor la naturaleza del mal del paciente, dicho de otro modo, aquel que sea mejor observador. 

Tampoco será ya el médico quien cure desde la supuesta superioridad de su saber humano al paciente, sino que desde esta perspectiva de restitución del equilibrio del paciente con su naturaleza el médico será visto más bien como una especie de facilitador o intermediario que hace que el equilibrio se restablezca. Toda estas ideas como decimos parecen emparentar la medicina medieval -al menos la que Hildegarda expone- con la medicina practicada por los pueblos de tradición chamánica. 

La medicina de Hildegarda de Bingen (II)


Enfermedad y pecado.


“La enfermedad será para Hildegarda, no un proceso,
sino un modo deficiens, un error, un defecto,
una merma existencial y un déficit ontológico” [1]



Si la salud es vista para Hildegarda como la consecuencia natural del equilibrio entre el hombre (microcosmos) y el universo (macrocosmos), y si dicho equilibrio se consigue actuando en consonancia y armonía con el orden cósmico [2], es decir acometiendo las acciones justas, la enfermedad entonces no puede ser sino la pérdida o alteración de dicho equilibrio, proveniente de acciones humanas erróneas e injustas. 

Desde esta perspectiva en que todo está profundamente -espiritualmente- relacionado e imbricado todo desequilibrio en la naturaleza conlleva y manifiesta una injusticia a nivel metafísico, sea este desequilibrio social (la guerra por ejemplo) u orgánico (la enfermedad). Pero paralelamente toda injusticia dejará su marca en la naturaleza misma por el poder que posee el hombre -otorgado por Dios- para re-ordenar la naturaleza. Dicho de otro modo, cuando el hombre no cumple la misión que Dios le ha encomendado no es él el único perjudicado, sino toda la naturaleza la que se desequilibra y agoniza por dicha causa. 

Ideologías de la modernidad (II): freudismo



Psicoanálisis y 'ciencia de la psicología'.

Hablamos del freudismo y no de la 'pseudo-ciencia' conocida como Psicología. Queremos matizar que ello no se debe a razones epistemológicas que otorguen algún tipo de superioridad o legitimidad a la moderna 'ciencia psicológica' sobre el psicoanálisis sino a motivos exclusivamente sociales. Nadie puede negar que la influencia social y cultural del psicoanálisis ha sido históricamente mucho mayor que la de la psicología conductista impuesta unilateralmente desde el ámbito académico, que nunca ha superado el nivel de ciencia aplicada y cuya misión social ha sido básicamente ser empleada como herramienta de dominación por parte de las élites del poder: era en definitiva un conocimiento útil para aplicar al orden social. 

Una 'ciencia psicológica' que, dicho sea de paso, adolece del reduccionismo, el materialismo, el simplismo epistemológico y la 'fijación por la cantidad' comunes a todos los otros modos de conocimiento propios del paradigma moderno. 

Además, y por lo que se refiere a su influencia social, los fundamentos epistemológicos de la psicología moderna han permanecido prácticamente desconocidos para el gran público. 

domingo, 9 de noviembre de 2014

La medicina de Hildegarda de Bingen (I)


(*) La salud como estado de diálogo entre el hombre y el cosmos. 

 Siguiendo la profundamente arraigada tradición de magisterio medieval –de corte platónico- Hildegarda de Bingen establece una íntima relación entre el universo (macrocosmos) y el hombre (microcosmos), entre ambos existe una correspondencia profunda que pone ambas realidades en mutua interacción, esta interacción posibilitaría el estado de salud –cuando la relación es correcta, armónica- o de enfermedad –cuando la interacción entre macrocosmos y microcosmos es imperfecta e inadecuada-.

Hildegarda sostiene una concepción del hombre multidimensional y holística, no lo reduce (ni tampoco sus dolencias) a un nivel exclusivamente mecánico o biológico, sino que todo lo refiere a un entramado de interacciones entre cuerpo, alma y espíritu, y de éstas partes a su vez con el mundo exterior. 

Ideologías de la modernidad (I): darwinismo, marxismo y freudismo.


Como toda civilización, el occidente moderno ha requerido de discursos que validaran y justificaran su particular modelo de sociedad. En el caso de la modernidad occidental esta necesidad es especialmente acuciante, dado que su modelo de sociedad era anormal y proponía un cambio de orden muy acusado, un proyecto de revolución tecnológica y material de la sociedad que podía predisponer a muchas capas de la misma en su contra. Un objetivo que hubo de ser puesto en marcha pasando por encima tanto de dificultades prácticas como de oposiciones y desconfianzas de buena parte de la población. Era prioritario entonces dotar a la colectividad de un nuevo sistema de ideas, imágenes y valores que les hiciera desear el 'nuevo orden' o al menos no oponerse activamente al mismo. En definitiva el 'nuevo orden' requería, ya desde la revolución francesa, de legitimación política y teórica de cara a los hombres y mujeres sobre los que se iba a imponer, y esta necesidad era urgente a mediados del siglo XIX.

En las sociedades tradicionales tal discurso explicativo, legitimador y cohesionador de la sociedad, lo constituían los 'mitos' pero, en la sociedad moderna tales discursos debían tomar un nuevo aspecto, revolucionario y anti-tradicional, que denominaremos 'anti-mítico'Así, si en la sociedad tradicional los mitos eran elaborados por poetas, chamanes y profetas, en el modelo de sociedad desacralizada que es la modernidad, en el cual todo discurso para ser aceptado y tenido en cuenta debe tomar un aspecto pretendidamente analítico y racionalista, los nuevos 'anti-mitos' debían provenir de la ciencia y la filosofía moderna, principales valedores del nuevo paradigma en que se sostiene el (des)orden moderno. 

Darwin, Marx y Freud fueron sin lugar a dudas los grandes definidores del discurso anti-mítico que ha sostenido durante más de cien años el armazón ideológico de la modernidad, y sostiene asimismo el de la postmodernidad. Sus discursos han sido capaces de concretar en palabras los deseos y fantasías de los que es víctima el hombre moderno. La obra de estos autores además posee el dudoso mérito de haber dotado al paradigma moderno de su propio y exclusivo discurso pues han aportado las categorías conceptuales imprescindibles para ello, olvidando definitivamente la retórica y las lógicas del antiguo régimen y permitiendo al paradigma moderno referirse a sí mismo como realidad objetiva dotada de una retórica propia. 

lunes, 3 de noviembre de 2014

Karma y destino (y III): el 'sentimiento trágico' de occidente



Capítulo aparte merecería el estudio de por qué diferentes tradiciones -la hindú y la greco-latina- pusieron el énfasis en diferentes aspectos de esta realidad. 

El diferente énfasis que ponen ambas doctrinas acerca de los condicionamientos y los límites que conlleva toda manifestación ha de dar lugar forzosamente a desarrollos  y conocimientos diferentes en uno y otro caso. Desarrollos que pueden implicar disciplinas como la teología, la filosofía, el arte y cualquiera otras, pues todas son expresión del alma humana. 

Como hemos visto hasta ahora el destino es, por definición, invariable. Ahora bien, el especial énfasis puesto en la inamovibilidad del destino por parte de la tradición greco-latina ha generado un 'sentimiento trágico' muy propio de la cultura y tradición occidental, una percepción de fatalidad intrínseca a la experiencia vital [1]. Este sentimiento trágico puede rastrearse en los pueblos germánicos, eslavos, por supuesto entre los griegos y quizá algo menos en los romanos. En todo caso de nuevo resulta abrumador en ciertos períodos la cristiandad medieval. Este carácter trágico, este modo doliente de enfrentarse a la vida se aleja muy claramente de la actitud de desapego y distanciamiento con que suelen enfrentar la existencia las tradiciones orientales y consideramos que es una  suerte de 'marca racial' de los pueblos de occidente. 


domingo, 2 de noviembre de 2014

Karma y destino (II): 'cuerpo causal' y liberación espiritual


Una vez entendido que el destino está constituido por aquellos condicionamientos inscritos de manera informal pero indeleble en el 'cuerpo causal' (karana-sharira) de un ser, resulta evidente que el desarrollo de ese ser no puede ir hacia cualquier parte pues, aun poseyendo diversas posibilidades o potencias, éstas no son de ningún modo infinitas para un ser dado en la manifestación, definido y caracterizado como no puede ser de otro modo por la concreción y la limitación. [1]

Las diversas tradiciones espirituales de la humanidad han tratado de dotar a los hombres de estrategias con las que superar dichas limitaciones a fin de alcanzar el espíritu. Se trata por tanto de trascender la barrera que suponen los condicionamientos del alma en sentido general y del 'cuerpo causal', en tanto que núcleo del alma, en particular. El principal obstáculo para alcanzar dicha unión no es el alma en sí -pues el alma es un órgano de conocimiento-, sino las impurezas -impresiones y condicionamientos, que la ensucian y enturbian su 'mirada'. Es así por tanto que toda disciplina espiritual auténtica es una terapia de descondicionamiento -de 'liberación'- dirigida a 'limpiar' y purificar el alma para que pueda unirse con el Espíritu, es decir, en último término a liberar al 'observador'. Todas las tradiciones coinciden en señalar que el hombre que ha logrado tal 'unión' o 'identificación' es el único 'hombre libre' o 'liberado' -jivanmukta en terminología hindú-. Por su parte la consecución de dicha limpieza o purificación destruye la 'cadena kármica' que ha producido a ese ser particular por la 'ley de la necesidad' (la Ananké platónica) y le ha conducido a la manifestación. Puede describirse esta 'limpieza' interior como un camino 'hacia atrás', 'hacia el interior' o 'hacia las profundidades' de ese ser, cualquiera de estas imágenes sirve, pues todas ellas son metáforas tradicionales empleadas para referirse al trabajo espiritual. 


viernes, 31 de octubre de 2014

Karma y Destino (I)


Una de las nociones metafísicas que ha sido más pervertida y desnaturalizada por la new-age es la de karmaLlama la atención en particular que este término de karma se haya extendido a lo largo y ancho de occidente a la vez que se niega de la manera más ferviente toda concepción metafísica propia de la tradición occidental, y muy particularmente se niega aquella que viene siendo la contraparte occidental de la idea de karma: el destino. 

Esto demuestra la profunda confusión en que está inmerso el hombre moderno, que reniega de todo aquello que le es más propio y cercano -con el consabido argumento del oscurantismo y la superstición- solo para acabar abrazando exotismos y modas ajenas que no comprende, y que a menudo resultan ser aún más oscurantistas y falsas, cuando no obedecen a intereses sospechosos [1]

Si se niega en occidente la existencia del destino no es en base a razones filosóficas o metafísicas sino en virtud de una supuesta 'libertad individual' de que disponemos para regir nuestras vidas y con la cual sería incompatible la idea de destino. Es decir, se razona y se decide en base a criterios meramente sentimentales, relativos al gusto y al deseo; no importa la verdad. Hasta aquí ha llegado a debilidad mental de occidente. 

jueves, 30 de octubre de 2014

Comunidad y ciudadanía: dos modelos de sociedad antagónicos.


Retomamos la comparativa entre la sociedad tradicional y la sociedad moderna abordando uno de los conceptos fundamentales de la moderna sociedad liberal y de su retórica: el concepto de ciudadanía.

Creemos convenientes estas aclaraciones dado que la post-modernidad nos presenta con frecuencia creciente la consideración de 'ciudadano' como la conquista de una condición privilegiada, que nunca antes ningún hombre disfrutó. Un discurso muy propio del progresismo -y las izquierdas-, donde se nos trata de convencer de que los hombres hemos dejado de ser súbditos y vasallos para llegar a ser ciudadanos que deciden libremente y que ahora, una vez conquistada esta privilegiada posición somos agentes activos de la sociedad. Un verdadero progreso. Pero tras toda esta bella retórica se esconde una realidad que pocas veces es puesta de manifiesto.


martes, 9 de septiembre de 2014

Simbolismo del lago y el estanque (y II)


El estanque y el cangrejo: la purificación de las aguas. 

Una vez visto el simbolismo metafísico del lago o estanque como tal, que supone una imagen sintética del universo mismo -el macrocosmos- y del hombre -el microcosmos- conviene ponerlo en relación con algunos otros símbolos que suelen asociarse a él como el de la flor de loto, el del pez o muy particularmente, el del cangrejo. Acerca de este último en parte nos ocupamos ya de él cuando tratamos del signo de Cáncer -ver aquí-, pero creemos que ciertos aspectos de su simbolismo pueden resultar particularmente esclarecedores cuando se ponen en relación con el tema de las 'aguas contenidas' o 'estancadas'. 

Como dijimos en aquella ocasión el cangrejo es un ser que vive en las profundidades, en el lecho marino o en el fondo del lago, estanque o pantano, donde se alimenta de los restos orgánicos que caen desde la superficie. Este carácter saprofito y carroñero nos da una pista clave para entender su función simbólica. En el estanque, como en cualquier otro ecosistema natural los organismos descomponedores y carroñeros cumplen un papel fundamental a la hora de mantener el equilibrio bioquímico de dicho ecosistema cerrando el ciclo, o, dicho de otro modo, limpiando los restos del ciclo anterior y posibilitando el comienzo de un nuevo ciclo de existencia y manifestación. Esta es la función que representa el cangrejo.  

lunes, 8 de septiembre de 2014

Simbolismo del lago y el estanque (I)


La imagen del estanque o el lago ha sido empleada con frecuencia como metáfora del alma humana aunque mejor sería decir que estanque y lago son un símbolo del 'hombre integral' tal y como éste es entendido por parte de las antropologías tradicionales. Veamos a continuación cómo se adecua la figura de las 'aguas contenidas' en un lago o estanque al significado ya citado de ser una imagen del alma humana, si es que lo hace, así como qué otras conclusiones se pueden sacar a partir de tal simbolismo. 

Hay que reparar en que el estanque está dividido verticalmente en tres zonas o regiones que son las que nos van a guiar hacia su simbolismo:
  • la superficie del agua
  • el agua 
  • el fondo del estanque

sábado, 6 de septiembre de 2014

Capitalismo y modernidad: separando los conceptos




Desde los posicionamientos anti-capitalistas convencionales -autodenominados revolucionarios [1]- advertimos una ampliación del concepto de capitalismo, trascendiendo progresivamente lo referido al orden económico y al sistema de producción para entrar de lleno en lo social, lo comunitario y lo relacional. Siendo esto sin duda necesario y muy de agradecer, pues supone una clara superación del reduccionismo teórico y un alejamiento de las definiciones descriptivas y contextuales del capitalismo a que nos ha acostumbrado durante décadas el marxismo intelectualista, nos parece sin embargo insuficiente pues el capitalismo se ancla en supuestos ideológicos mucho más profundos de lo que habitualmente se supone, que conviene hacer explícitos. 

El capitalismo -con todo su magno proyecto de re-ordenación de la sociedad- es solo la cara más visible -y material- del desastre moderno, el cual es fundamentalmente de carácter espiritual, pues tiene que ver básicamente con la falta de 'anclaje' de la sociedad en aquellos principios que la fundamentan y hacen posible. Consideramos que el capitalismo se arraiga profundamente en la desviación que supone la modernidad pero no puede ser identificado por completo con la misma en tanto se sitúan en diferentes niveles de realidad.

martes, 19 de agosto de 2014

Esoterismo cristiano: IHS

El Nombre de Jesús ha sido representado tradicionalmente mediante el monograma IHS, figura que, pese al olvido generalizado del simbolismo cristiano, aún es frecuente encontrar en las iglesias, sobre todo en los altares y en los retablos. Quizá su representación más conocida sea formando parte, junto con la Santa Cruz y los tres clavos, del conocido escudo de la Orden de la Compañía de Jesús. 

El monograma IHS en el escudo de la Compañía de Jesús.


Aparte de su significado más evidente como las tres primeras letras que forman el Santo Nombre en lengua griega, se ha dado a este monograma otras interpretaciones, de las que quizá la más interesante sea la que interpreta las tres letras como las primeras, respectivamente, de las palabras: 


Iesus Hominum Salvator


Si bien estas lecturas no responden directamente al origen del símbolo, tampoco son descartables, pues todo símbolo verdadero admite varias lecturas, las cuales además en este caso resultan ser complementarias, perfeccionando el significado original. 

En este sentido es especialmente significativo que durante los muchos siglos en que el monograma crístico ha sido empleado por parte de la iglesia latina se haya latinizado la letra sigma, pasando de Σ a S, y no se haya latinizado sin embargo la letra eta, pasando de H a E. Esto responde a razones simbólicas muy profundas como a continuación veremos, razones que pueden funcionar de manera inconsciente en la cultura popular -en el 'inconsciente colectivo' diría Jung- preservando un significado simbólico aún cuando este pase por completo desapercibido para la mayoría. 

martes, 12 de agosto de 2014

Guerra de palabras (y III): lo tradicional y lo convencional




Pero si hablamos de términos profanados y adulterados en su significado ninguno ha sido más maltratado por la retórica de la postmodernidad que el concepto de Tradición y las palabras que de él se derivan. 

Ciertamente podría poseer cierta lógica que, desde el punto de vista profano que caracteriza la modernidad y dado su proyecto explícito de refundación de la sociedad -con independencia y hasta en contra de su pasado-, todo aquello que remita de algún modo a la Tradición quede asociado con lo reaccionario e inmovilista, en general a todo aquello considerado anti-revolucionario y contrario a la fábula del progreso. En definitiva, se trata de asociar la Tradición con la 'edad de las tinieblas' con que gusta de imaginarse a todas las realidades humanas anteriores a la modernidad misma; el discurso es por todos conocido: la modernidad trajo la luz y la razón a un mundo en que reinaban la superstición y la barbarie. 

En cierto modo es comprensible este ataque de la modernidad hacia lo tradicional pues el punto de vista tradicional es en esencia anti-moderno, de la misma manera que el punto de vista moderno es anti-tradicional. Siendo esencialmente antagónicos e incompatibles entre sí puede entenderse que la modernidad intente por todos los medios desprestigiar a su oponente. Hasta aquí todo resulta de algún modo previsible dentro de la estrategia revolucionaria de imposición y de aniquilación del adversario que empuja a la modernidad. 

Menos comprensible y más desolador resulta sin embargo ver cómo se utiliza inapropiadamente el término 'tradicional' por parte de aquellos que pretenden cuestionar o criticar la misma modernidad y buscar alternativas a la misma, y que, en su confusión, aplican el término a saberes, ideas y procedimientos indudablemente modernos. 

domingo, 10 de agosto de 2014

Guerra de palabras (II): Razón e Intelecto



Pueden citarse abundantes ejemplos de términos que han visto alterado o pervertido su significado original pero nos referiremos a unos pocos que consideramos más determinantes por vincularse en su origen a concepciones tradicionales de las cuales han sido completamente alejados por la 'retórica moderna', hasta el punto de que si nos atenemos al uso habitual que de ellos se hace en la actualidad pasarían por términos perfectamente profanos. 

En realidad este es el objetivo último de toda aquella magna operación de lavado del lenguaje que hemos descrito y que pasa ante todo por re-significar las palabras con el fin de profanarlas, es decir privarlas de su sentido sagrado -que les es extirpado con objeto de impedir que se pueda hacer referencia al mismo- y rebajarlas a un marco exclusivamente profano, mundanal, donde sean susceptibles de ser utilizadas como armas de propaganda según los objetivos estratégicos o intereses particulares del momento. 

Así ocurre por ejemplo con términos como ideologíafilosofía que están realmente alejados de lo que etimológicamente significan por lo que quedan profundamente mermados en su capacidad de captar y modificar la realidad. 

Guerra de palabras (I): la retórica de la postmodernidad y el despojamiento del lenguaje


Haven't you heard it's a battle of words?
The poster bearer cried. 
Listen son, said the man with the gun,
There's room for you inside. 

Pink Floyd, 'Us and them' 
(del álbum 'The Dark Side of the Moon')



Para la estrategia de reproducción de la postmodernidad, signada ante todo por la ausencia de toda permanencia y de todo límite, el dominio del lenguaje -y su consecuente manipulación- posee una importancia capital. Es claro que la aceptación del actual (des-)orden social e individual y el grado de obediencia al mismo será mucho más acabado y perfecto, armonioso y sin fisuras por parte de los 'ciudadanos' si éstos asumen y adoptan para sí la forma de pensar del propio sistema como si de una segunda naturaleza se tratase. Han de interiorizarla, sentirla como propia y no como algo impuesto, para de este modo integrarla en su propio modo de pensar y de sentir, más aún que de vivir. Así por ejemplo el capitalismo crea mediante diversos subterfugios psicológicos -como son el complejo de atraso o la ambición mefistofélica- el terrible deseo que mueve inexorablemente al ciudadano moderno -nunca conforme con nada, siempre infeliz- al torbellino infinito del consumo. 

lunes, 21 de julio de 2014

El sueño de Jacob




El sueño de Jacob. Portal Norte de la catedral de Chartres. 

Groot Begijnhof van Leuven




Casas tradicionales de estilo flamenco en el Gran Beguinaje de Lovaina. 
Aunque ampliado y muy reformado durante la ocupación española en el siglo XVII, 
su origen se remonta a la época de las cruzadas (s. XII).

El movimiento de las beguinas es otro buen ejemplo de cómo la realidad 
de la mujer medieval distaba mucho de los tópicos que la modernidad ha hecho recaer sobre la misma. 


miércoles, 18 de junio de 2014

Edad moderna vs. edad media (IV): feminismo e 'ideología de género' desde una perspectiva tradicional




El 'eterno femenino' y el feminismo moderno.

Volviendo al tema que nos ocupa, el de la importancia de lo femenino como símbolo del 'pilar de la emancipación', y su consiguiente exclusión del núcleo ideológico del paradigma moderno, si nos dirigimos a las antiguas tradiciones espirituales puede advertirse que generalmente se ha asociado a lo masculino lo activo y exterior, el aspecto exotérico de una cultura, mientras a lo femenino se asocia lo pasivo, lo interior, lo oculto, aquello que no se muestra explícito a la luz -el alma, por ejemplo que se relaciona siempre con lo femenino-, y por ello lo femenino está en relación no tanto con el polo exotérico sino con la dimensión esotérica -interior- de la tradición. 

Ya hemos tratado en otras ocasiones de la concepción tradicional de los opuestos, no como enemigos -lo son solo en apariencia- sino como complementarios que deben dar lugar a un nuevo equilibrio y orden que les trascienda. La superación de ambos se producía en una síntesis creativa, lo que muchas tradiciones representaban básicamente bajo dos imágenes:

martes, 10 de junio de 2014

Edad moderna vs. edad media (III)




El valor de lo femenino.

Entre los diferentes pares de opuestos que pueden asociarse a los pilares 'del control' y 'la emancipación' hay uno que forma parte de la interpretación más tradicional de los opuestos: la polaridad masculino-femenino

Esta polaridad cobra especial relevancia cuando reparamos en que va asociada en la modernidad a otra: razón-superstición. En efecto, para la modernidad -que ha sido acertadamente calificada de misógina por numerosos autores- la razón -y por consiguiente todas las disciplinas científicas de carácter moderno que le son deudoras- se encuentra clarísimamente asociada a lo masculino y al varón, mientras las ideas asociadas a lo irracional, como superstición, creencia o intuición, así como todas aquellas que remiten al ámbito religioso, caen del lado de lo femenino y la mujer. 

Estas constelaciones de significados resultan aún más evidentes cuando las analizamos en referencia al discurso histórico construido desde la modernidad y que ya hemos expuesto anteriormente. Este acercamiento nos interesa especialmente para entender el carácter que se ha atribuido a la edad media, carácter que, como veremos a continuación y en tanto contra-ejemplo histórico de la modernidad misma, ha retenido buena parte de los significados y valores asociados con lo femenino en el mundo tradicional. 

lunes, 9 de junio de 2014

Edad moderna vs. edad media (II): civilización y barbarie




Para acabar con el análisis de estos exempla históricos elaborados por la modernidad como modelos paradigmáticos de sociedad -la era clásica y la edad media- hay que señalar la función ordenadora del imaginario colectivo que dicho modelo de construcción histórica ha supuesto para occidente. Básicamente según este modelo el imaginario socio-político se ordena alrededor de los polos:

civilización vs. barbarie

Y apreciamos claramente cómo la idea de civilización queda asociada al 'Pilar del control' mientras la barbarie -la amenaza del caos que siempre se cierne sobre la civilización occidental- cae del lado del 'Pilar de la Emancipación'. 


De lo que se trata por tanto es de la elaboración de un verdadero arquetipo cultural, un nuevo mito, al modo de los antiguos mitos pero en esta ocasión disimulado bajo el barniz historicista que le dota de una retórica cientifista, de apariencia anti-mítica. Estamos ante un arquetipo que llega hasta el día de hoy y que la inmensa mayoría de nuestros contemporáneos aún asumen como una verdad incuestionable. 


domingo, 8 de junio de 2014

El Guernica de Picasso o el Belén infernal


Arte moderno, anti-tradición y 'muerte de dios'.


Siendo todo arte verdadero y auténtico expresión del alma humana, el arte moderno o contemporáneo no puede sino mostrar en toda su crudeza el desorden interior que acompaña al desorientado hombre de la modernidad. El Guernica de Picasso, considerado universalmente un icono del siglo XX, es uno de esos casos donde el arte moderno muestra más claramente su carácter nihilista y anti-tradicional, desequilibrado y crispante, lo que paradójicamente aquí no constituye un demérito de la obra sino que más bien la dota del valor de la denuncia. Como veremos a continuación la interpretación habitual de esta obra como un homenaje al pueblo de Guernica o una mera denuncia política y/o pacifista -lo que también es sin duda- supone pasar por alto el sentido último -que nos atrevemos a llamar metafísico y filosófico- que como obra de Arte con mayúsculas posee. 

jueves, 5 de junio de 2014

Edad moderna vs. edad media (I): Algunas reflexiones sobre dos paradigmas antagónicos



Ya que nos hemos referido recientemente a los pilares del control y la emancipación (ver aquíquisiéramos emplear este modelo teórico para confrontar la ideología y los valores subyacentes a los respectivos paradigmas medieval y moderno. 

En primer lugar hemos de señalar cómo toda la historia de occidente está construida sobre esta dicotomía ya citada de 'control-emancipación' presentada por De Sousa, dicotomía que en sí misma reviste en el fondo un carácter profundamente tradicional pero que toma tintes claramente anormales y anti-tradicionales en el modo en que la modernidad lo entiende y aplica. Veamos por qué. 

Resulta definitorio que, dado el carácter reduccionista y excluyente de la modernidad, estas oposiciones no fueron entendidas como complementariedades -como lo eran para el mundo tradicional- sino que se asumió su perfecta irreconciliabilidad y por tanto la absoluta superioridad de uno de los polos sobre el otro. Es esta irreconciliabilidad entre los opuestos la que ha conformado el carácter propio de la modernidad, conduciéndola inexorablemente a los ideales de competencia, control y dominio, ideales donde, como ya hemos dicho con anterioridad, lo diferente representa un peligro, una amenaza que debe ser neutralizada.  

martes, 27 de mayo de 2014

Orden y belleza en el pensamiento medieval (V): la noción de límite


El límite como marco conceptual en el pensamiento medieval.


Llegamos así a uno de los conceptos más centrales del paradigma neoplatónico medieval, la noción de límite. El límite era entendido, no como algo negativo, sino como algo necesario y positivo: constituía un marco regulador y también una guía. La noción medieval de límite es inseparable de la idea aristotélica de forma -μορφή-, tal y como lo plantearon los escolásticos en la teoría del hilemorfismo. Así toda educación, toda decisión, todo acto humano implica en sí un límite, tan necesario para el buen orden de la manifestación como inevitable [1]. Siguiendo la clásica comparación del alma humana con una planta diríamos que el límite cumple la función del tutor y la poda que son necesarias para dar a la planta su forma más adecuada, digamos la forma de árbol, imagen clásica por ser el árbol intermediador natural entre tierra -donde hunde sus raíces- y cielo -hacia donde extiende sus ramas y hojas-. El árbol es así un símbolo del Hombre Universal, tal y como se representa, por ejemplo, en la tradición extremo-oriental taoísta, con los brazos alzados al cielo. Algo también expresado por Orígenes:

miércoles, 21 de mayo de 2014

Orden y belleza en el pensamiento medieval (IV)


Detallismo y diversidad en el mundo medieval.



El omnipresente ideal medieval de la búsqueda del orden matemático y geométrico, que tenía aplicación a todos los ámbitos de la vida -pues todos los ámbitos habían sido ordenados por Dios- no impedía la presencia de dos cualidades ausentes por completo del pensamiento y la actitud del hombre moderno y que podrían parecer a primera vista incompatibles con tal búsqueda de un orden y una razón cuasi matemáticos en la existencia humana: el detallismo y la diversidad.

domingo, 18 de mayo de 2014

Orden y belleza en el pensamiento medieval (III)



Acabamos de ver la importancia que poseen las ideas de orden y de estabilidad en todo el pensamiento medieval. Ahora reflexionaremos sobre algunas de las implicaciones que dichas ideas han tenido y tienen en el pensamiento y la mentalidad de occidente, pues su alcance ha ido más allá de la edad media. 

Las ideas de orden y estabilidad de corte neo-platónico tuvieron un carácter precursor respecto del paradigma de la modernidad occidental, el cual las ha llevado a sus extremos teórico -en su pensamiento y su filosofía- y práctico -en su concepción de la sociedad-. 


Este carácter hiper-ordenador de la modernidad ha sido ya advertido por académicos como De Sousa Santos, que sostiene, muy acertadamente a nuestro juicio, que lo que él denomina 'pilar del control' se ha impuesto sobre el 'pilar de la emancipación' [1] hasta dar lugar a formas sociales en extremo rígidas y poco creativas como son las actualmente normativas en occidente.

Los 4 niveles de interpretación del símbolo



Son conocidos los cuatro niveles de interpretación que estableciera Dante en su Convivio (literalmente 'Convite' o 'Banquete'). Resumidamente estos niveles son: 
  • el literal,
  • el alegórico, 
  • el tropológico (también denominado a veces moral o filosófico) y
  • el anagógico (a veces llamado teológico).

Dante especifica que a excepción del literal o histórico, los otros tres son alegóricos, pues provienen de alle, extraño, otro. Es una idea común que este esquema proviene de Dante, pero aunque Dante es la referencia clásica, como buen autor tradicional, él hereda y transmite este conocimiento. Según Dante da a entender es un procedimiento que aplicaban los escolásticos a la lectura e interpretación de la Sagrada Escritura. Pero tampoco ellos fueron sus descubridores.  

sábado, 17 de mayo de 2014

Esoterismo cristiano: el Avemaría (y II)



Hemos visto ya cómo la oración del Avemaría contiene en su interior el Nombre de Jesús tal y como la Virgen María contuvo en su seno al mismo Jesús. 


Volvamos por un momento al esquema que presentamos para visualizar el sentido en que se mueven las dos partes de la oración de María: la salutación angélica en sentido descendente y la plegaria el pueblo de Dios en sentido ascendente.